
Tras el excelente trabajo realizado con Chicago, vuelve Rob Marshall para contarnos el para nosotros extraño mundo oriental descrito por el americano Arthur Golden en Memorias de una Geisha.
Marshall vuelve a inspirarse en el estilo más clásico si bien ha sabido desarrollarlo al mejor estilo de cine actual, como ya hizo con Chicago. A su vez, el director ha procurado alejarse del estilo visual de los filmes orientales actuales (Tigre y Dragón, Hero o Las casa de las Dagas Voladoras) y ha optado por no hacer un filme exageradamente estilístico, sino por hacer algo más "serio", más humilde dentro de lo humilde que se pueda ser dentro de un filme de esta envergadura.
También es cierto que Marshall ha tenido unos errores que en su anterior film no tuvo. El estilo narrativo de Memorias de una Geisha es bastante pesado, lento y se ha abusado demasiado de la voz en Off, llegando a ser en algunos momentos un verdadero incordio. A su vez la estructura planteada está bastante desequilibrada (tal vez en el libro también, no lo he leído). Se puede decir que la película está dividida en cuatro partes: infancia, preparación de geisha, geisha y retorno como geisha. pues bien, el tiempo dedicado a cada parte está bastante mal repartido. Con partes demasiado alargadas y partes interesantes recortadas.
Técnicamente Memorias de una Geisha tiene una fotografía realmente fantástica aunque a veces peca de ser algo pastelosa. En lo que está vez no ha acertado Marshall ha sido en la planificación de las secuencias. La película es extremadamente cerrada, creo recordar que solo hay un plano abierto en toda la película (exceptuando los paísajes de transición) y además la cámara es bastante inestable, parecde rodada la mayoría de ella con cámara al hombro.
Las actuaciones son excelentes, realmente interesantes. Ziyi Zhang estaba realmente bien y se merecía una nominación a los Oscars. Otra a destacar es la elegantísima Michelle Yeoh cómo la que un día fue la mejor Geisha.
Como conclusión nos encontramos ante una bonita y bastante correcta película de amor con un cierto tono clásico. Mágica pero sencilla, delícada y relajada. Sin duda, debemos estar atentos a la carrera de Rob Marshall, que se presenta muy interesante (apadrinado por el todopoderoso Steven Spielberg).


Nunca es tarde descubrir el excelente guonista que puede haber en uno, o eso es lo que deberíamos aplicar al director y guionista de esta maravillosa historia, Paul Haggis.