
Si de algo se puede pecar más grave que de ningúna otra cosa, es de abordar la realización de un filme de manera pretenciosa y excesiva. El Camino de los Ingleses es todo esto, y encima lo completa una historia nada pretenciosa ni excesiva con lo que la mezcla es un cóctel de basura.
El último de film de Antonio Banderas quiere ser tan intenso visualmente que el excesivo contenido del complicado guión queda relegado a un décimo plano, por lo menos. Así, no hay quién se entere de la profunda historia que después podamos reflexionar.
Pensando en El Camino de los Ingleses, me viene a la cabeza un film cómo La Pasión de Cristo, dos films cuya belleza visual es innegable, pero aunque además les diferencie dos historias completamente distintas, hay algo más: En la película de Mel Gibson, lo visual era la baza principal que suponía la supremacía sobre el texto, que estaba en arameo y latín, y era un coñazo para todos tener que estar leyendo subtítulos, por ello dotó a sus películas de poco texto y mucho contenido visual, cuyo cuidada realización era delicia para los ojos. El Camino de los Ingleses sigue la estela de esa belleza visual estilizada, con encuadres muy correctos y preparados. El problema es que además Banderas ha dotado a su filme de un texto tremendamente farragoso, poético y muy significativo. Entonces tanta intensidad provoca más bien la locura en el espectador y le aleja más que acercarle a la historia. Banderas ha querido hacer demasiado, y eso ha jugado en su contra. Después de la primera media hora, con cada cámara lenta y encuadre con una fotografía saturada, maldices los casi 6 euros que te ha costado entrar.
Lo único bueno que podemos extraer de este films es descubrir, que los jóvenes actores televisivos sabén hacer algo más que personajes estereotipo, vamos, que saben actuar. Una sorpresa ver a un bueno Alberto Amarilla después de su horrible papel en la serie Mis Adorables Vecinos.
El camino de los Ingleses es un excelente conjunto de planos, pero Banderas tiene que encontrar la contención artística, el cine no es un videoclip. Una decepción después de su excelente Locos en Alabama.
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