
Lo que se puede esperar de unos realizadores de videoclips que han trabajado para R.E.M. , Red Hot Chilli Peppers, Janet Jackson o Smashing Pumpkins es un producto de una calidad mínima.
Para este paso al largometraje, Jonathan Dayton y Valerie Faris, consiguen pasar el aprobado, y por mucho. Pequeña Miss Sunshine es una película que tal vez a pesar de su apariencia ñoña, es una obra con sentimiento, pero nunca sentimentaloide. Porque en esta película no hay hueco para típicos efectos lacrimógenos efectivos (de los de Ron Howard) sino que el verdadero drama de esta historia reside en el desencadenamiento cómico de los hechos.
Pequeña Miss Sunshine es una comedia agridulce sobre una familia en plena crisis luchando para no caer en el fracaso, o por lo menos en el fracaso que ellos creen. Para ello Michael Arndt, guionista de esta historia, se vale de un género muy propicio al camino del aprendizaje individual: las Road Movies. La niña pequeña de los Hoover quiere acudir al concurso de belleza Pequeña Miss Sunshine, y para ello, toda la familia (el padre, la madre, el hermano en huelga de habla, un abuelo drogadicto, y su tío que se acaba de intentar suicidarse) deben de recorrerse todo el país en una furgoneta sin embrague.
Pero como ya he dicho, en realidad, es una historia sobre la lucha contra el fracaso. La principal visión de este, aunque no la más correcta, es la del padre. Escritor que quiere publicar un libro sobre los siete pasos principales para no ser un fracasado. Esta es una visión rígida de la lucha personal de corte maquiavélico: no importa a quién pases por delante, para no ser un fracasado tienes que ganar. A esta se contrapone la visión más correcta del fracaso, la que aporta el abuelo drogadicto, y es que la gente fracasada es aquella que ni siquiera se ha atrevido a intentarlo. En este dilema acabarán debatiendose todos los miembros de la familia.
Así este camino de aprendizaje se desarrolla lleno de giros cómicos y momentos no tan graciosos. Pequeña Miss Sunshine es una película de apariencia simple pero llena de mensaje, tal vez al estilo de La Boda de Muriel, de P.J. Hogan (dónde también salía una estupenda Toni Collette). Entretenida, disparatada, sin ignorar la seriedad. Buen comienzo para el debutante guionista Michael Arndt.

