
El cine bélico es un género dónde cada vez resulta más difícil, por no decir imposible, ser original. Aunque no por ello estas nuevas películas tienen que dejar de ser interesantes, siempre y cuando tengan algo, por pequeño que sea, de originalidad y no sean un calco. Para Clint Eastwood, y por extensión para los guionistas Paul Haggis y William Broyles Jr., el género se les ha echado encima y no han hecho más que un calco de tópicos del mismo. Es cierto que todas las guerras son igual de horribles y en todas pasa lo mismo, por ello, no hace falta repetir siempre que al que echa de menos a la novia se muere horriblemente, o el más inocente del grupo, que luego siempre es el que tiene la muerte más horrible, etc... Un mundo de tópicos trillado.
Si bien Eastwood esta extremadamente influenciado en el rodaje de la parte bélica por el productor Spielberg. En el plano dramático vemos el buen hacer de Eastwood. Y es que Clint no está hecho para grandes superproducciones. Todos los elementos que conforman la formación de los heroes de Iwo Jima, el conflicto interno de al menos el soldado indio Ira Hayes y en general, toda esa desmitificación inicial convierten a Banderas de Nuestro Padres en una película diferenciada de otras del género. Esta es una película valiente para el público norteamericano. Una pena que finalmente a Eastwood le salga la vena profunda y acabe con esa desmitificación, Por que tal vez no fueron heroes nacionales esos tres soldados protagonistas que alzaron la bandera por segunda vez, sino que los heroes nacionales son todos los soldados norteamericanos que sacrifican su vida para que la familia media americana sea feliz.
Interesante retrato de la propaganda, del poder de la imagen, pero típica película bélica que en lo que al género se refiere, aporta más bien poco. Veremos que pasa con Letters from Iwo Jima, ahora que William Broyles JR y su saco de tópicos abandona y es sustituido por Iris Yamashita.
Con respecto al resto de aspectos de la película, la fotografía me resulta bastante monotona con esa especie de blanco y negro ligeramente verde y con algún ápice de color y un excesivo granulado. De encuadres no digo nada, valgame no contradecir a un genio cómo Clint Eastwood. Y de nuevo consigue también explotar al máximo a sus actores, esta vez bastante desconocidos. Destaca Adam Beach, que si no hubiera sido por el nefasto doblaje, me hubiera gustado mucho más.
Regular filme, muy por debajo de las expectativas creadas.
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