Monday, February 05, 2007

APOCALYPTO* * * *



Se pueden decir muchísimas cosas sobre Mel Gibson, pero es indudable, por mucho que les pese a algunos, que es uno de los mejores y más interesantes directores de la última década. Ya despuntó y ganó el Oscar en Braveheart, su primera película como director, y con La Pasión de Cristo, apartando el sensacionalismo oportuno, que nos descubrió o nos redescubrió una cultura que gracias a la biblia teníamos como muy idealizada, nos enseño una elegancia en los encuadres y un misterio dignos de aplauso.

En Apocalypto Gibson usa las mismas herramientas que con La Pasión de Cristo: encuadres magistrales, maravillosa fotografía (Dean Semler hace su mejor trabajo hasta el momento) y de nuevo usa la violencia y un idioma de una lengua muerta como reclamo a los curiosos y de paso aportar realismo e intelectualismo al asunto.
Pero Apocalypto es una historia muy distinta, el polo opuesto a La Pasión de Cristo, tanto en argumento como en ritmo. Cristo es un heroe que, cuando lo van a plastar, se entrega sin oposición, asume su destino de tener que morir crucificado, para ello Gibson crea una atmósfera triste, aústera, lenta. Intentado retardar ese trágico final, mostrandonos lo más cruel de la redención de ese mesías que había venido a salvarnos. En Apocalypto, sin embargo, el personaje principal, no puede asumir su destino de morir frente a alguien más poderoso, este tiene que sobrevivir y escapar. El tiempo corre en su contra, por lo que el ritmo de la película es acelerado, no da tregua a tiempos muertos.

Por ello Mel Gibson construye una película llena de ritmo y dinamísmo, brutal, pero realista. El retrato de una cultura primitiva entregada a los sacrificios a los dioses, sin perder nunca el aspecto de ganancia personal, esencial en cualquier humano de cualquier época. Un bonito retrato de la supervivencia extrema por lo que uno más quiere. La búsqueda del valor para afrontar los propios problemas.

En contra de la película, bastante poco en realidad. El uso del maya para dar mayor realismo a la película puede parecer pretencioso, si bien es efectivo. Auque tanto Gibson como Farhad Safinia (la co-guionista) tal vez pequen de construir diálogos demasiado occidentales, modernos, perfectamente traducibles a una historia ambientada hoy en día. Por otro lado no estoy de acuerdo con la visión de la niña misteriosa y enferma que se encuentran en el camino, que resulta como demasiado insertada.

Gibson usa, además, y de manera muy acertada actores desconocidos y en la mayoría de los casos primerizos, a verdaderos indígenas de la población, consiguiendo sacar de ellos una realista interpretación.

Mel Gibson vuelve a sorprendernos con su tercer proyecto como director y de paso nos retoma una importante lección: A una civilización no se la puede destruir si antes no se destruyen entre ellos. Dejemos de discutir entre nosotros porque solo conseguimos hacernos más débiles.

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