
Es extraño como un cineasta como Bill Condon, guionista de Chicago y artífice de la interesante Dioses y Monstruos, ha abordado su propio musical (también adaptado de un musical de teatro) convirtiéndolo en el más aburrido, monótono y falto de sentimiento musical que he conocido hasta el momento. Muchos consejos podía haberle pedido a Rob Marshall, director de Chicago.
Dreamgirls es, desde que fue concebida para llevar al cine, la versión negra del musical de Chicago, intentando seguir la jugada de este y encajarla directamente como favorita en los Oscars de este año. No sé si por despreocupación de los productores o del propio director siendo conscientes de que ya iba a ser una de las favoritas a los oscars, pero finalmente ha quedado una película totalmente descuidada.
La película comienza de manera excelente, con esa sensación de que vas a ver una importante película retrato de la música negra de los 50-60-70, la aventura de un trío de chicas que van a luchar por encontrar un hueco en un panorama difícil para los negros. La película tiene toda la pinta de seguir la estela de Chicago, canciones insertadas pero que aportan o son un espejo de lo que está ocurriendo en la historia mezclado con elaboradas escenografías.
Sin embargo, las pretensiones de Condon van más allá y quiere hacer un musical clásico, de canciones insertadas y canciones que forman parte del propio diálogo de los actores. Bien, una buena opción. Pero no sé que pasa, que en casi ningún momento consigue despuntar, ningúna canción es lo suficientemente emocionante (a excepción de los dos únicos momentos sensibles: Jennifer Hudson y su I'm Telling You I'm not Going y Beyoncé y su Listen) el resto de la película es un cúmulo de canciones similares, las insertadas (las que se refieren al propio show de las Dreamgirls, no aburren) pero todas las cantadas como diálogos son horrorosas, propias de algún típico especial de navidad de alguna cadena pública, especialmente Patience y We Are a Family, que al margen de simples escenografías, su simpleza abruman y aburren de sobremanera.
Los méritos de Dreamgirls, haber descubierto al mundo entero a la impresionante Jennifer Hudson, la única que consigue despuntar en un filme monocolor. También agrada descubrir a un Eddie Murphy cantando, y haciéndolo bien. Por otro lado está la gran star de la función, Beyoncé Knowles, correcta y muy bella como siempre (cuando sale maquillada). Es de aplaudir en ella además el desarrollo y el carisma que otorga a su personaje, la diva muñequita de otros, es interesante a nivel de actuación cómo pasa de inocente aspirante a estrella a consolidada y madura cantante. Realmente creíble, una cuidada representación de Diana Ross. ¿Por qué no consiguieron hacer de verdad un biopic de la actriz en vez de esta descarada imitación?
Monótono y descuidado film del que se podía haber sacado muchísimo más jugo.
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