
Si algo ha demostrado Gore Versinki con esta trilogía es que, más que ninguno, tiene muy perfeccionado el sentido del espectáculo. La tercera parte si bien es más barroca, no pierde, sino mejora su estética y aunque es más densa, no pierde su base de no pretensiones.
Si hace poco veíamos en que jardín insalvable se metía Raimi con la tercera parte de Spider-man y sus largas diatribas sobre los sentimientos del pobre Peter Parker. Versinki pasa directamente a la acción, al puro y simple espectáculo. Es cierto, que como he dicho antes, tal vez haya cargado más de lo necesario la película. Hay demasiadas historias secundarias y al no profundizar en ellas, por que no hay tiempo y es imposible, quedan demasiado confusas de cara al espectador. Pero esta confusión dramática Versinki la equilibra con luchas imposibles, personajes fantásticos con unos efectos especiales sobrecogedores por su realismo. Pero aún así no compensa, hay demasiado.
Como todas las terceras partes, En El Fin del Mundo es la más barroca, excesiva. Apenas encontramos huecos vación en los encuadres, exceptuando la enigmática escena presentación de Jack Sparrow y alguna que otra panorámica. Pero el tono general es mostrar el portento de la trilogía aquí y allá, mostrar lo capaces que son de hacer cosas tan chulas. Todo al servicio de la sorpresa y el placer del público, eso está bien, pero tanto puede llegar a empachar. De tanto al final no sabes quién era Calipso, pero qué es lo que le pasa a Davy Jones, qué tiene que ver el chino con todo esto, a qué viene lo del padre de Will Turner con su novia, de qué hablan de cuando el anterior consejo, pero al final que relación tenían Sparrow con Beckett, etc. Cuando acabas la película vas reconstruyendo todo, pero durante su visión, no se si es por la desviación hacía lo magnífico del espectáculo o qué pero cómo que te va costando asumir el argumento, buscando también hilos que atar con las dos anteriores. Mucho lío.
Versinki también se muestra excesivo y repetitivo con el juego de gags con los dos piratas chiflados, el del ojo de madera y el que siempre está cabreado. Y con el mono, que acaba siendo odioso. Estos dos aspectos que no se por qué creo que tienen que ver mucho con el palomitero productor Jerry Bruckheimer.
Pese a todo, Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo, creo que es una delicia visual y sobre todo, no resulta decepcionante, no rompe, creo yo, con ningúna expectativa. Resaltar la "traca final". Si en films al estilo Harry Potter, siempre decepcionan por la creación y posterior fallida de espectativas. Versinki echa toda la carne en el asador para los 20 minutos finales de su trilogía. Destacar la pelea Sparrow-Davy Jones, interminable y por ello, tremendamente emocionante.
La tercera entrega de los piratas ya más famosos cumple. Grandes secuencias, magníficos efectos especiales, puro espectáculo. No tendrá el perfecto guión de El Padrino o Casablanca, pero esta trilogía entretiene a más no poder.
