Friday, February 16, 2007

JUEGOS SECRETOS* * * * *



Vuelve Todd Field tras una larga ausencia desde el 2001, cuando estrenara la magnífica En La Habitación. Vuelve con un triste retrato de una clase media cada vez más perdida.

Juegos Secretos, o Little Children (título original), es, sobre todo una historia de algo tan conocido como desconocido: el Sexo. Un aspecto de nuestras vidas que cada vez adquiere mayor relevancia social y que lo único que está haciendo es volvernos bastante trastornados. Somos, como indica el texto, sexualmente pequeños niños, para los que la sexualidasd es un mundo magníficado en el que decir pito y chocho es tremendamente atrevido pero jugosamente divertido. El sexo ocupa, además, el 90% de nuestras obsesiones. En el filme están tan enfermas las tres reprimidas del parque, como el pervertido. Todos son pequeños niños con la consecuente magnificación de los aspectos más tipicamente tabú como son el sexo.

A esto también juegan el cuarteto protagonista, dos parejas que no encuentran su vida sexual y deben encontrarla fuera de sus fallidos matrimonios, aunque tristemente esto no responden más que al juego secreto sexual, juegan como los niños a ser malos, sobre todo él, más que ella, que realmente lo tiene complicado con su marido, un cachondo enamorado de una modelo de internet. La dualidad entre la madurez y la niñez es una constante durante todo el filme.
Las consecuencias de estos locos juegos sexuales es la del "pobre" pervertido, que incapaz de relacionarse (por la presión que la sociedad y su madre ejercen sobre él), ve en el exhibicionismo su escapatoria, víctima de una sociedad hipócrita sexualmente obsesionada en su mundo interno pero tremendamente puritana de puertas afuera.

Este es uno de esos filmes llenos de contenido argumental, pero es que además, Todd Field consigue una magistral realización de la historia, con un montaje maravilloso y una maravillosa dirección de actores. Felicitar sobre todo los trabajos de Kate Winslet, que va camino de convertirse en la futura Meryl Streep por la calidad de sus papeles, y a Jackie Early Haley, sorprendentemente contenido, abstraido,realista, un auténtico pervertido sexual.

De nuevo Todd Field hace una de las mejores películas del año, como ya hizo con En La Habitación en el 2001.

EL TRUCO FINAL* * *



Christopher Nolan es uno de los grandes innovadores e inquietos realizadores de nuestro tiempo, tiene claro que lo suyo son los thrillers, pero siempre intenta abordarlos desde el punto de vista más innovador. Fue uno de los pioneros que puso de fama las películas cuyo texto iba desde el final hasta el principio con Memento, después abordó una de detective y asesino en un lugar dónde siempre era de noche en Insomnia. Revolucionó al clásico Batman y ahora aborda un thriller en un mundo del todo desconocido para el espectador, el universo de los magos o ilusionistas.

En ese aspecto Nolan se siente muy libre artísticamente ya que el tema es novedoso y poco explorado. Pone en juego una gran escenografía mágica, sólo que la historia es totalmente previsible desde la primera hora de filme. En ese sentido, el truco final, el prestigio de Nolan, se hace demasiado previsible y carente de originalidad.

Nolan recurre a una estructura no lineal, un puzzle, al estilo Arriaga, para tal vez entretenernos, como un buen mago, para no descubrir su sorpresa final, por lo que al final carece de sentido ese desorden ya que no es efectivo. Como ya he dicho, lo verdaderamente interesante de este film es su puesta en escena: los shows de ambos magos (y sus magníficos intrusismos), la construcción de unos personajes místicos, intrigantes, personas cuyo conocimiento del mundo está tan alejado del nuestro y sin embargo tan cercano. Alabar en este caso también la magnífica fotografía de Wally Pfister, habitual colaborador del director.

Gracias a esa magnífica construcción de cada personaje, todo el reparto se luce: Hugh Jackman (cada vez más parecido a Eastwood, ver Fotogramas de Febrero), Christian Bale, Scarlett Johanson, y destacar el misticismo de David Bowie, que quienes no le seguimos musicalmente, hemos descubierto de verdad ese rostro que te agarra y no te deja, obligándote a mirarle continuamente, sin duda el rey de los robaplanos. Curiosa pareja Bowie-Serkis (gollum).

Interesante y original film que peca tristemente de ser demasiado previsible.

Monday, February 05, 2007

DREAMGIRLS* *



Es extraño como un cineasta como Bill Condon, guionista de Chicago y artífice de la interesante Dioses y Monstruos, ha abordado su propio musical (también adaptado de un musical de teatro) convirtiéndolo en el más aburrido, monótono y falto de sentimiento musical que he conocido hasta el momento. Muchos consejos podía haberle pedido a Rob Marshall, director de Chicago.

Dreamgirls es, desde que fue concebida para llevar al cine, la versión negra del musical de Chicago, intentando seguir la jugada de este y encajarla directamente como favorita en los Oscars de este año. No sé si por despreocupación de los productores o del propio director siendo conscientes de que ya iba a ser una de las favoritas a los oscars, pero finalmente ha quedado una película totalmente descuidada.

La película comienza de manera excelente, con esa sensación de que vas a ver una importante película retrato de la música negra de los 50-60-70, la aventura de un trío de chicas que van a luchar por encontrar un hueco en un panorama difícil para los negros. La película tiene toda la pinta de seguir la estela de Chicago, canciones insertadas pero que aportan o son un espejo de lo que está ocurriendo en la historia mezclado con elaboradas escenografías.

Sin embargo, las pretensiones de Condon van más allá y quiere hacer un musical clásico, de canciones insertadas y canciones que forman parte del propio diálogo de los actores. Bien, una buena opción. Pero no sé que pasa, que en casi ningún momento consigue despuntar, ningúna canción es lo suficientemente emocionante (a excepción de los dos únicos momentos sensibles: Jennifer Hudson y su I'm Telling You I'm not Going y Beyoncé y su Listen) el resto de la película es un cúmulo de canciones similares, las insertadas (las que se refieren al propio show de las Dreamgirls, no aburren) pero todas las cantadas como diálogos son horrorosas, propias de algún típico especial de navidad de alguna cadena pública, especialmente Patience y We Are a Family, que al margen de simples escenografías, su simpleza abruman y aburren de sobremanera.

Los méritos de Dreamgirls, haber descubierto al mundo entero a la impresionante Jennifer Hudson, la única que consigue despuntar en un filme monocolor. También agrada descubrir a un Eddie Murphy cantando, y haciéndolo bien. Por otro lado está la gran star de la función, Beyoncé Knowles, correcta y muy bella como siempre (cuando sale maquillada). Es de aplaudir en ella además el desarrollo y el carisma que otorga a su personaje, la diva muñequita de otros, es interesante a nivel de actuación cómo pasa de inocente aspirante a estrella a consolidada y madura cantante. Realmente creíble, una cuidada representación de Diana Ross. ¿Por qué no consiguieron hacer de verdad un biopic de la actriz en vez de esta descarada imitación?

Monótono y descuidado film del que se podía haber sacado muchísimo más jugo.

APOCALYPTO* * * *



Se pueden decir muchísimas cosas sobre Mel Gibson, pero es indudable, por mucho que les pese a algunos, que es uno de los mejores y más interesantes directores de la última década. Ya despuntó y ganó el Oscar en Braveheart, su primera película como director, y con La Pasión de Cristo, apartando el sensacionalismo oportuno, que nos descubrió o nos redescubrió una cultura que gracias a la biblia teníamos como muy idealizada, nos enseño una elegancia en los encuadres y un misterio dignos de aplauso.

En Apocalypto Gibson usa las mismas herramientas que con La Pasión de Cristo: encuadres magistrales, maravillosa fotografía (Dean Semler hace su mejor trabajo hasta el momento) y de nuevo usa la violencia y un idioma de una lengua muerta como reclamo a los curiosos y de paso aportar realismo e intelectualismo al asunto.
Pero Apocalypto es una historia muy distinta, el polo opuesto a La Pasión de Cristo, tanto en argumento como en ritmo. Cristo es un heroe que, cuando lo van a plastar, se entrega sin oposición, asume su destino de tener que morir crucificado, para ello Gibson crea una atmósfera triste, aústera, lenta. Intentado retardar ese trágico final, mostrandonos lo más cruel de la redención de ese mesías que había venido a salvarnos. En Apocalypto, sin embargo, el personaje principal, no puede asumir su destino de morir frente a alguien más poderoso, este tiene que sobrevivir y escapar. El tiempo corre en su contra, por lo que el ritmo de la película es acelerado, no da tregua a tiempos muertos.

Por ello Mel Gibson construye una película llena de ritmo y dinamísmo, brutal, pero realista. El retrato de una cultura primitiva entregada a los sacrificios a los dioses, sin perder nunca el aspecto de ganancia personal, esencial en cualquier humano de cualquier época. Un bonito retrato de la supervivencia extrema por lo que uno más quiere. La búsqueda del valor para afrontar los propios problemas.

En contra de la película, bastante poco en realidad. El uso del maya para dar mayor realismo a la película puede parecer pretencioso, si bien es efectivo. Auque tanto Gibson como Farhad Safinia (la co-guionista) tal vez pequen de construir diálogos demasiado occidentales, modernos, perfectamente traducibles a una historia ambientada hoy en día. Por otro lado no estoy de acuerdo con la visión de la niña misteriosa y enferma que se encuentran en el camino, que resulta como demasiado insertada.

Gibson usa, además, y de manera muy acertada actores desconocidos y en la mayoría de los casos primerizos, a verdaderos indígenas de la población, consiguiendo sacar de ellos una realista interpretación.

Mel Gibson vuelve a sorprendernos con su tercer proyecto como director y de paso nos retoma una importante lección: A una civilización no se la puede destruir si antes no se destruyen entre ellos. Dejemos de discutir entre nosotros porque solo conseguimos hacernos más débiles.