Wednesday, March 28, 2007

300* * * *



Después de sorprender con el remake de El Amanecer de los Muertos, Zack Snyder regresa con este peplum de corte fantástico sobre 300 tíos metidos de esteroides hasta el mismísimo culo y que se enfrentan a millones de pseudohomosexuales travestidos persas.

Por cierto, no haré ningún análisis comparativo con el comic de Frank Miller ya que no lo conozco, si bien debo partir de la premisa de que es casi una perfecta adaptación, viñeta por viñeta, bien. Pero comentaré la película, no el comic.

Snyder realiza un aunténtico espectáculo, puramente visual. Una especie de mezcla entre el claroscuro de Rembrandt y las elaboradas musculaturas de Miguel Angel, todo ello metido en una batidora junto a la más pura estética videoconsolera. ¿el cine del futuro?, lo dudo, pero sin duda una pequeña joyita experimental que abre la brecha a futuras obras de valor surrealista que pueden ser verdaderas obras de arte. Una técnica esta de los decorados chroma que puede resultar tremendamente interesante si se sabe usar, como es el caso en su mayor parte.

300 tiene momentos de verdadero arte audiovisual. Pero la película de Snyder también es un filme de extremos. Falla el equilibrio, posiblemente por una falta de presupuesto. Encontramos secuencias tan logradas como la de la tormenta en el mar, la mujer en el oráculo. Pero también encontramos cutreluxe en los decorados de algo parecido a la gomaespuma (al mas puro estilo de las series Xena o Hercules) o personajes como Ephialtes (el amorfo traidor) que su elaboración a base de látex hace que hasta suene cuando hace movimiento con el brazo, etc...

Tampoco me acercaré a las posibles interpretaciones del simple, en apariencia, texto de 300. Personalmente creo que es una historia architípica, que no cuenta nada nuevo, pero que deja espacio al puro artificio, al espectáculo visual. Pero el hecho de estar situada en los años que corren, esta historia de occidentales (llamalos espartanos, llamalos norteamericanos) que luchan por la libertad contra los orientales (llamales persas, llamales musulmanes), más la similitud final de Leónidas con Jesús, etc, hacen del texto que de pie a varias interpretaciones. Por cierto, sin olvidar un posible derechismo homófobo.
Pero bueno, interpretaciones que son bastante rebuscadas y que se escapan de la propia estructura aparente de la historia. Esto es la batalla de las termópilas, de espartanos y persas. El filme es pura leyenda, lejos de cualquier interpretación realista.

300 es un espectáculo visual, que si bien puede llegar a resultar cansino, se convierte ya en una auténtica obra de arte audiovisual sobre la técnica chroma. Lejos queda ya Sky Captain y el Mundo del Mañana. Ahora esperar a Sin City 2, otro ejemplo del buen hacer del chroma y los ordenadores.

Friday, March 02, 2007

EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA* * * * *



Primera película de "ficción" para el realizador Kevin Macdonald, que nos llega desde el género documental. Esto se nota en esa genial falta de concesión al drama más simplon de la que hace gala esta magnífica película.

Además me resulta sorprendente el poder rítmico de un director que procede del documental, un género que normalmente es más dado a la lentitud de la realidad. Macdonald retrata hechos reales, la dictadura de Idi Amin en Uganda, pero no por ello pierde el sentido del dinamismo y construye una película que engancha desde el principio hasta el final. Un estilo directo, sin florituras.

En El Último Rey de Escocia hay, a mi parecer, dos vías narrativas que se chocan: Por un lado encontramos el viaje de Garrigan, un "niño" que llega a África pensando que hace la mayor obra de su vida, que se está ganando el cielo, algo que ve simple, inocentemente; pero se encuentra con una África que no era lo que él pensaba, una África que es destruida y que se autodestruye. En este descubrimiento de que no todo es un simple juego de poner vacunas, Garrigan encuentra la madurez que en su acomodada Escocia no iba a encontrar. Por otro lado tenemos a Idi Amin, un hombre que no lo tuvo tan fácil como Garrigan, un hombre al que la vida le obligó a madurar demasiado pronto, y que en un principio luchó por llegar al poder para cambiar las cosas. Sin embargo ese hombre, temeroso de sus enemigos, de su muerte, y nublado por la riqueza se vuelve un codicioso niño, un niño que no piensa, enloquecido por el poder de hacer lo que él quiere. Dos caminos inversos que sólo pueden chocarse y nunca ir paralelos.
Un extraordinario retrato de la locura y ambición del poder en un país sumido en el caos de los intereses externos.

Una pena que de esta película al final sólo quede para el recuerdo el oscar y todos los premios que le siguen de Forest Whitaker, quien da vida al dictador africano. Una actuación que de acuerdo, es muy buena, sobre todo en los momentos de locura del dictador, pero vamos, tampoco es la actuación del siglo. A la misma altura que él está el olvidado James McAvoy, que hace de Garrigan, y por cierto, el verdadero protagonista del filme, con el que se inicia y se acaba el relato. Felicitar también una cuidada y excelente fotografía de Anthony Dod Mantle, que tiene entre otros trabajos Manderlay, 28 Días Después, etc.

Imprescindible película, al margen de la buena interpretación del ya conocidísimo Whitaker, tanto por su importante mensaje y retrato de la sociedad africana como por su extremado entretenimiento.