Tuesday, February 26, 2008

NO ES PAÍS PARA VIEJOS* * * *



Aún sin haber visto toda la filmografía de los hermanos Coen, (he de decir que he visto mas bien poco), no descubro nada si afirmo que son uno de los mejores directores y guionistas de nuestra era. Aquí nos presentan una obra maestra en dirección, si bien esta vez la historia la veo algo irregular.

La película está planificada de manera soberbia. Cada secuencia es un goze para la vista: planos maravillosos, ritmo pausado pero lleno de emoción, y una fotografía simplemente alucinante, y todo ello complementado con una dirección de actores. Aquí todos brillan y se lucen, especialmente Bardem, que con su sola presencia y sin que abra la boca se come todo lo que hay a su alrededor. El actor ha sabido construir un personaje ya histórico ( y eso que no me cae muy bien el señor Bardem).Es la propia encarnación del mal y la violencia irracional.

Sin embargo, ese punto fuerte (Anton Chigurh, el papel de Javier) es por otro lado su punto débil. No es el protagonista, sino un secundario, ya que el sentido de la historia recae en el personaje de Tommy Lee Jones; pero sin embargo la presencia del primero (junto al personaje de Josh Brolin) es mucho mayor que la del protagonista, que tiene la presencia de un secundario durante toda la película hasta el final, en el que se corta de manera brusca lo acontecido hasta el momento y Lee Jones se convierte en el protagonista, que adquiere una presencia trascendental. Esto en la novela tal vez funcione a las mil maravillas, pero tal y como lo han abordado los Coen en el cine no. Me resulto como Expiación, de repente me cortaban la historia para contarme otra, y eso molesta, y sobre todo de cara al final. Especialmente aquí, que la propia historia de persecución entre Brolin y Bardem es tan intensa e impactante, mientras Jones va pasando por las película como que sí... bien, el policía deprimido y derrotado ante tanto sin sentido... pero que aparece muy pocos minutos. Se resuelve la película de manera brusca y aparece Lee Jones haciéndo su momento clave, el problema es que el espectador aún está asumiendo la increíble historia de Chigurgh y Moss (Brolin).

Una película realizada de manera impecable, absolutamente increíble. Una pena que la historia no se asuma del todo bien, tan vez viéndola un par de veces más.

LA MARIPOSA Y LA ESCAFANDRA* * * *

Interesante propuesta creativa la del artista Julian Schnabel, que lleva cabo una investigación de la experiencia fílmica en primera persona. Con "La Mariposa y la Escafandra" Schnabel traslada el uso del plano subjetivo a un nuevo nivel. El filme se convierte en una experiencia sensorial más allá de lo puramente fílmico y cumple de sobra con los objetivos impuestos.

Estamos demasiado acostumbrados a una visión "objetivamente subjetiva", y el uso de la cámara subjetiva nos resulta extremadamente incómodo, sobre todo cuando su uso es prolongado excesívamente. El arranque del film es asombroso, me entusiasmó, pero cuando llevas algo así como media hora con un plano subjetivo, quieto en esa habitación de hospital, confuso; la cosa incomoda y deseas un poco de libertad, un plano abierto en el que no estemos en aquel cuerpo atado a la cama. El film nos molesta, pero porque ha conseguido trasladarnos verdaderamente a ese cuerpo, a esos pensamientos. Schnabel consigue cumplir su objetivo de identificación extrema con el personaje, aunque suponga que la película se convierta en un proceso pesado, incómodo, angustiosamente lento, pero es que la vida de aquel hombre que lo había tenido todo y que de repente se quedó tetrapléjico, esa atadura a una cama o silla en el hospital debió de ser tal y como nos la muestra el director.

Este proceso de recreación de una falsa realidad es igualmente interesante. Schnabel, con la ayuda del maestro de la fotografía Janusz Kaminski, centran todos sus esfuerzos en la representación fiel de la óptica humana, pero saben que es imposible con lo que crean una idealizada representación que acaba resultándonos paradójicamente bastante real. La contínua distorsión de la imagen, la superposición de la luz, incluso el parpadeo. Algo barroco pero sigue resultando efectivo, consigue que nos creamos aquella visión como real.

La película, a pesar de su estresante lentitud, tiene momentos de oasis emotivos y cómicos que le dan la vida. Destacaría la escena del encuentro con su hijo en la playa, una de las esenas más dramáticas que he visto en los últimos años, creo que es en ese momento en el que conectamos directamente con lo más profundo del personaje. La comedia también se hace presente y es la que quita hierro al asunto y la que nos da cierto aire, destaca cuando su amigo intenta comunicarse con él con el proceso de los parpadeos, cómica en su dramatismo.

Schnabel no inventa nada, la búsqueda de la recreación óptica para la identificación extrema con el personaje no es nada nuevo en la historia del cine. Pero las nuevas técnicas hacen que el director lo lleve a un nuevo nivel de falso hiperrealismo. Hubiera sido mucho más interesante que hubieramos quitado la voz en off, que obviamente no era la de nuestra mente...