
Que la propia directora del musical teatral sea la que se encargue de llevar al cine la misma obra, tiene unos importantes beneficios pero también tiene su cara negativa, y sobre todo en Phyllida Lloyd, una reputada directora de la escena teatral inglesa que aquí afronta su primera incursión en el mundo del cine.
Lloyd y Catherine Johnson (escritora del libreto del Mamma Mia! teatral y guionista de la película) aseguran una correcta adaptación de la obra, o incluso una mejora del mismo por los beneficios que a sus mentes pudiera ofrecerles el cine. Uno no ha visto el musical así que no me es posible asegurarlo. Pero el papel más loable aquí de Lloyd es el trabajo como directora de actores, y aún no me queda muy claro este, porque si hay algo en este film es la naturalidad que transmite el reparto, más las actrices que los actores. Está claro que a estas alturas Meryl Streep no necesita a ninguna directora de teatro para sacar lo mejor de ella puesto que queda demostrado que la Streep puede hacer lo que quiera y a la edad que quiera y así se convierte en la verdadera estrella del film: verla cantar y bailar, pero sobre todo verla sonreír de forma natural. Acostumbrados a la Streep pletórica en sus grandes dramas podemos disfrutar viendo, precisamente, como disfruta ella con su papel; le es indiferente si parece ridícula cantando o bailando, nos demuestra que ella hace lo que le apetece.
Lo mismo hace el resto del reparto, Lloyd ha conseguido que nos contagien esa naturalidad, el aparente buen rollo que hay entre ellos. Aparte de Meryl Streep destacar a sus compañeras Julie Walters y Christine Baranski, que juntas hacen un trío inolvidable de cincuentonas felices de su condición.
Pero es en este punto donde la labor de la directora queda empañada, al final de la película, el espectador puede llegar a tener la sensación de que esa naturalidad conseguida es más bien fruto de las circunstancias que del propio trabajo de la directora. Al final te da por pensar que ahí están, un montón de actores que bien por su reputación o bien porque no suelen tener oportunidades de blockbuster veraniego, están allí, unas cuantas semanas de vacaciones pagadas en unas islas griegas en las que están bailando y cantando canciones de Abba, que no es un mal plan. Si bien también hay que reconocer que buena parte de la película está grabada en estudio ( lo que concierne a la casa-hotel) ya que canta bastante el chroma...
Técnicamente es donde más falla Lloyd, que se ve perdida para colocar la cámara, moverla, y colocar a los actores en la escena. Hay demasiados teleobjetivos en las escenas de exteriores (imagino que soluciones al terreno), y el sentido de la espectacularización queda reducido por una planificación que no sabe enfatizarla. Un claro ejemplo de esto es la supuestamente dramática escena de Streep y Brosnan (del que no haré comentarios) antes de la boda de su hija. Toda una canción en la que no se mueve ni los personajes ni el punto de vista de la cámara más que en el último minuto. Para el segundo minuto de canción Streep ya no sabe cómo continuar y eso que hace esfuerzos y ya no digamos Brosnan, que parece un arbusto más contemplando la escena.
También hay errores bastante cantosos de continuidad en el montaje al igual que el playback en las canciones.
En definitiva, Mamma Mia! es una película pasable, en puntos divertida y que puede merecer la pena por ver a la siempre perfecta Meryl Streep, bonitos paisajes de Grecia y descubrir alguna sorpresa como Walters y Baranski. Bueno claro, también recomendada para los fans de Abba...